Una supuesta asociación de amigos de los gatos se apropió de la Nevera de los Olabe (un hallazgo histórico de la ciudad, de cuando se almacenaban las nieves prensadas del monte y se vendían a los vitorianos para su uso en el hogar) y decidió intervenir en el entorno, poniendo vallas, montando chamizos, cubriendo la vegetación con plásticos y mil barbaridades, para albergar gatos del Casco Antiguo, con la excusa de cuidarlos.
Antaño tenían un local en la c/ Herrería en el que en 13m2 podían llegar a “convivir” por decir algo, 20 0 30 felinos adultos, machos, hembras, sanos, enfermos, dóciles, salvajes, domésticos abandonados, etc.
Pocos animales encontramos tan territoriales como los gatos, necesitan “repartirse” por zonas según sus instintos reproductivos y de supervivencia.
Una gran mayoría de esos gatos tiene una enfermedad degenerativa que los veterinarios asimilan con el SIDA humano. Veterinarios que por otra parte, están frontalmente en contra de las malas prácticas de ésta asociación aparentemente benevolente.
Las personas responsables de ésto son un grupo liderado por una persona que, según un grupo de ecologistas y veterinarios, tiene amistades en el entorno DEMSAC y aprovchando ello ha conseguido, desde la ilegalidad e incluso violencia si se da el caso, hacerse con ese espacio y salirse con la suya.
Por otro lado, los turistas se han hecho muchas fotos éste verano en ese sitio. Fotos no por bello sino por bizarro, de peluches colgados de ramas, mantas en árboles, cuerdas, rejas y demás chapuzas. Fotos que pasean por el mundo una irregularidad tolerada por el ayuntamiento, o al menos no intervenida aún, que contiene maltrato animal, mala praxis veterinaria y amenaza para la salud ciudadana.
Los gatos no están hechos para vivir en una especie de campo de concentración. Los gatos de las asociaciones de ciuidado de animales son para que encuentren un hogar y si enferman se suelen sacrificar para que no sufran ni infecten al resto. Pues bien, de éstos gatos pocos o ninguno se da en adopción a nadie, si se da se prohibe explícitamente a quien se lo lleva que lo lleve a un especialista para que de un diagnóstico de la salud del animal (lo cual es cuanto menos sospechoso) y mueren de enfermedades respiratorias abandonados dentro de casetas de madera insalubres, las cuales sirven para guardar luego otros gatos sanos que terminan contagiados.
Mi queja es que, se terminen con éstas malas prácticas que rebajan la salud de la comunidad de gatos del Casco Antiguo, necesarios para que no haya ratas en zonas como los caños o la muralla, se prohiba el uso de suelo público, de todos, para unos pocos (si quieren dar rienda suelta a su síndrome de Noé, que lo hagan con su propio dinero en sus propios locales y aún así sería igual de denunciable) y que no se les permita cazar gatos libres de los caños del Casco para encerrarlos en esa especie de Auschwitz gatuno que vergonzosamente tenemos en una zona de valor histórico, turístico y a escasos metros del centro neurálgico de la capital del País Vasco.
Para sondear ésta información aconsejo consultar con la comunidad de Veterinarios de Vitoria-Gasteiz, o con otras Asociaciones de cuidado de animales, con las cuales están desde hace años enfrentadas por ésto que aquí manifiesto.



#1 by robertoC on 30 de septiembre de 2009
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Aparte de los argumentos expuestos, me parece una irresponsabilidad del ayuntamiento permitir que se de ese uso a un yacimiento arqueológico. Un yacimiento hay que conservarlo, ponerlo en valor, mostrarlo, usarlo para explicar la historia de la ciudad. Pero en ninguna parte del mundo se usa como refugio de animales.