Desde hace unos años atrás que un grupo de indigentes se han instalado en los jardines y bajos de la Plaza de Abastos provocando conflictos, que han ido a más, sobre todo con los comerciantes de la Plaza.
Esta veintena de indigentes tiene por costumbre beber todo tipo de alcohol a plena luz del día, acto que a muchos nos parece reprochable, y algún hurto en los alrededores. Todo ello a escasos metros de un parque de juegos de niños.
Los medios de comunición se han hecho eco de las protestas de los comerciantes y han avivado, todavía más, los ánimos de las partes llegando a haber algún momento de cierta tensión.
El problema no es echar los indigentes del lugar, ya sabemos que nadie quiere a este tipo de gente debajo de casa o cerca del negocio, sino reinsertarlos en la sociedad. Anteriormente “tomaron” ciertas zonas de la ciudad que, tras las protestas vecinales, fueron invitados a irse del lugar llevando el problema a otro lado.
Los servicios sociales y educadores de calle hacer una gran labor con ellos, que no es nada fácil pues son personas de muy difícil reinserción, pero deberían ser las instituciones las que deberían plantar cara al problema de fondo solucionándolo y no solo trasladándolo de lugar.




#1 by Asela on 4 de noviembre de 2009
Citar
Francisco de Quevedo (1580 1645), poeta Español, en la letrilla Satírica, La pobreza, El dinero que empieza “Pues amarga la verdad…” y que cantó Paco Ibañez, dice:
…”¿Quién con su fiereza espanta,
el cetro y corona al rey?
¿Quién careciendo de ley
merece nombre de santa?
¿Quién con la humildad levanta
a los cielos la cabeza?
La pobreza.” …
El problema de la indigencia el tan viejo como las ciudades. Hoy en día, en un régimen democrático donde se respeta y defiende la libertad individual, seamos honestos y serios, es un problema de estética. Es feo ver indigentes, nadie los queremos cerca ni nos gusta cruzarnos con ellos.
Dejando claro que no es delito el ser pobre, feo o sucio y que el alcoholismo está declarado como enfermedad; (no estoy hablando de las conflictivas interactuaciones que ha habido).
En cuanto a la reinsercion social, habría que saber si es lo que desean o no.
Por otra parte las instituciones, a través de los servicios sociales, educadores de calle, etc. realizan su labor, a todas luces con menos eficiencia que la deseada por la ciudadanía.
Pero, ¿Sería legítimo obligarles a irse? ¿Obligarles a instalarse en un “gheto”?
Hitler aplicó medidas drásticas para su eliminación, y tampoco consiguió.
Sólo son preguntas que me hago y para las que tampoco tengo respuesta, pero sé que si yo hubiera optado por vivir en la calle, ec. reclamaría mi derecho a seguir haciéndolo. Y por otro lado creo que no debemos verles como a indigentes sino como a ciudadanos libres que han elegido una opción respetable aunque poco atractiva.